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CANTO A MI MADRE
Guillermo Jiménez Guzmán
Este libro nace de la necesidad de guardar una voz antes de que el tiempo se la lleve. Canto a mi madre, del escritor mexicano Guillermo Jiménez Guzmán.
Esta obra es, ante todo, un homenaje a Eva Guzmán, su madre, una mujer zapoteca cuya vida contiene también la memoria de una comunidad. A partir de sus recuerdos y relatos, Guillermo recoge episodios de infancia, familia, costumbres, trabajo, naturaleza y vida comunitaria, y los entrelaza con poesía. De este modo, madre e hijo parecen compartir una misma narrativa: ella entrega la memoria; él la escucha, y la convierte en un hermoso libro.
Eva recuerda una infancia en la que aprendió tempranamente a leer, hacer cuentas y desenvolverse en el comercio, aunque solo pudo cursar hasta cuarto año de primaria. Años después, aquella niña a quien la época limitó sus posibilidades de estudiar lucharía para que sus seis hijos —mujeres y hombres— pudieran acceder a una educación superior.
Pero Canto a mi madre va mucho más allá de una historia familiar. En sus páginas sobreviven Juchitán, las velas, el trueque y el tequio; las parteras y los nahuales; los ríos, los tamarindos y las noches iluminadas por luciérnagas. Aparecen también la solidaridad y esa antigua conciencia de comunidad donde lo poco que se posee puede ser suficiente cuando se comparte.
Uno de los aspectos más conmovedores del libro es precisamente la humanidad de Eva: la mujer que comparte comida con quienes pasan necesitados, que abre su casa y que enseña a sus hijos, mediante actos cotidianos, a mirar al otro con dignidad.
En esa mujer concreta, Guillermo encuentra también una figura mayor: la madre zapoteca, depositaria de una herencia que atraviesa generaciones, capaz de sostener la familia sin renunciar a su identidad y de transformar las dificultades de su propia vida en posibilidades para sus hijos.
Por eso, quizá lo más hermoso de Canto a mi madre sea su origen: un hijo que escucha. Guillermo Jiménez Guzmán no escribe únicamente sobre su madre; escribe desde lo que ella le ha confiado. Su poesía acompaña esa memoria, la abraza y la prolonga.
Así, lo íntimo termina convirtiéndose en memoria colectiva. La historia de Eva deja de pertenecer solamente a una familia y comienza a hablarnos de las madres, de los pueblos originarios, de aquello que heredamos sin darnos cuenta y de las historias que merecen ser contadas para que no desaparezcan.

Canto a mi madre es, finalmente, eso: un acto de amor convertido en memoria y una voz materna que, gracias a la escritura de un hijo, seguirá hablando cuando el tiempo haya pasado.
zapoteca. Además, en este libro esa identidad no está puesta como adorno; atraviesa la memoria, la forma de contar, la relación con la comunidad, con la naturaleza y con los antepasados.
Creo que eso hace especialmente bello el gesto de Guillermo: él no reemplaza la voz de su madre; la escucha y le da permanencia en la escritura. Ahí está, para mí, una de las mayores fortalezas del libro.

EVA GUZMÁN GÓMEZ
