María Fernanda Rozas

Este viernes 20 de marzo se celebró la presentación de la novela » Mis dos lados» de la autora María Fernanda Rozas

Es Licenciada en Psicología de la Universidad de Santiago de Chile y actualmente reside en la Región de La Araucanía, en el sur del país. Con una mirada sensible y profunda sobre la complejidad de la mente humana, presenta su primera novela, Mis Dos Lados, una obra con tintes autobiográficos y matices de ficción que explora las dualidades internas y los conflictos emocionales desde una perspectiva íntima. Su formación en psicología aporta una riqueza particular a la narrativa, ofreciendo personajes con profundidad psicológica y una voz narrativa reflexiva. Esta novela marca el inicio de su camino en la literatura, donde realidad y ficción se entrelazan para dar vida a una historia tan personal como universal
Mónica Montero editora de La Otra Costilla y la autora María Fernanda Rozas.
En un ambiente de camaradería se desarrolló la presentación de la novela “Mis dos lados” de la escritora María Fernanda Rozas, en la sala principal de la Sociedad de Escritores de Chile, desde la 18:30 horas, contando con la presencia de escritores, periodistas, socios de la SECH, familia y amigos de la autora. 
A todos nos ha pasado más de alguna vez que nos aferramos a una lógica que solo tiene sentido en nuestra cabeza, pero al momento de describirla pierde todo sentido. Por ejemplo, un sueño que tuvimos mientras dormíamos. Inmersos en el sueño, todo tiene una coherencia tan clara que vamos al ritmo de su lógica. Sin embargo, cuando despertamos —y todavía más cuando queremos relatarlo—, aquella ráfaga de coherencia va perdiendo total sentido, hasta se nos traba la lengua, pausamos el relato para tratar de entender y contar el sueño con precisión, de manera que no pierda fidelidad. Pero sucede que, mientras avanzamos, el sueño se va desvaneciendo y se vuelve algo muy irreal y lejano.
Algo similar sucede con la esquizofrenia. Hago esta comparación porque me parece que soñar es algo muy familiar para casi todo el mundo, y la esquizofrenia es como un sueño que insiste y no se desvanece.
Extracto del prólogo
por: Fernando Grob Restovic.

GABRIEL MIRANDA RIQUELME

Hijo Benemérito de san Bernardo

Romina Baeza (concejala) y Gabriel Miranda

PATIO DEL SUR LIBRO
Autor: Gabriel Miranda Riquelme
Edición: Leonidas Rubio
DDI A- 302021
Diseño: Mariela Vivar
Editorial: La Otra Costilla.
Este 09 de febrero 2026, en el marco del aniversario número 205 de la comuna de San Bernardo (Chile). En la ceremonia municipal y eclesiástica, fue reconocido como hijo benemérito de la comuna el escritor Gabriel Miranda Riquelme, por su labor artística destacada en el tiempo. Destacando su ardua labor con su hoja informativa Patio del Sur, desde 1991 a la fecha, la hoja informativa que es distribuida en distintas comunas del lado sur de la capital, principalmente en San Bernardo, la hoja consta de actos literarios, poesía, cómic, entrevistas a artistas y personajes ligados al ámbito artísticos, a la vez se transmite en la radio San Joaquín programa dedicado a la literatura, donde se habla del contenido de la hoja informativa y se comentan las entrevistas.
Gabriel Miranda -GAROMI- Poeta, gestor cultural y cronista Gráfico en 1991 crea su hoja informativa Patio del Sur la distribuye gratuitamente en San Bernardo, San Joaquín, La Cisterna, San Miguel, La Pintana y otras comunas aledañas. Consta de datos literarios, poesía, cómic, entrevistas a artistas y personajes ligados al ámbito artístico. Se mantiene en circulación desde el año 1991 a la fecha. A la vez se transmite en la radio comunal de San Joaquín, antiguamente llamada radio “Tiempo Nuevo”: un programa dedicado a la literatura, donde se habla del contenido de la hoja y se comentan las entrevistas. La larga data de la hoja la ha convertido en un archivo histórico. Una parte de los entrevistados ya no se encuentran entre nosotros, pero en Patio del Sur están presentes y vigentes.
 libro Patio del Sur 

Patio del Sur, es claramente la memoria de una comuna, parte de la historia artística de San Bernardo, Gabriel se ha encargado de mantener presenta la memoria de escritores que se han marchado a otra dimensión y a la vez mantiene presente la trayectoria de muchos artista que gracias a la hoja informativa se mantienen vigentes. En el año 2020 la recopilación de una parte de estas hojas informativas se convierte en libro “Patio del Sur libro”, bajo el sello La Otra Costilla. El año 2024 este libro pasa a ser parte de la memoria de la comuna y se exhibe en distintas ferias costumbristas y festivales de la comuna.

Lissette Tampier -Garomi -Andrés Rojas

GIOVANNI MOLLO

El de septiembre de 2024, nos reunimos en la Sociedad de Escritores de Chile, a celebrar la presentación de MAL  segundo poemario del escritor y musico Giovanni Mollo.

Escribí el prólogo del potente libro «Mal» de Giovanni Mollo (1991). Este es el inicio. El texto completo está en el primer comentario.

Finalmente parece que todo lo que hemos hecho gira en torno al sol. Desde la invención de la agricultura a la escritura, desde una idea de tiempo hasta de otros mundos más allá. La luz no solo sirve para darle sentido a las cosas y las palabras sino que también es lo que las une bajo una idea de civilización. Podemos ver porque hemos podido nombrar. Desde un Génesis donde la luz se hace hasta la tiniebla previa al Juicio Final. Desde cavernas frías, tenebrosas, húmedas que gracias al fuego se convirtieron en algo parecido a un país. Lo luminoso es lo verdadero, lo bello, lo bueno y es hacia donde todo lo humano gira la cabeza como las polillas que finalmente somos en un universo de luciérnagas. Sea como sea, toda confesión es bajo una luz, ya sea policial, jurídica, religiosa, educacional, psicológica o médica. Lo enunciable, lo observable, lo vivible está en ese espectro en donde podemos conocer al otro, al mundo, pero hay otra luz para verse a sí mismo, para reconocerse y desconocerse, sin afán de verdad pero tampoco de mentira, sin la obligación moral del bien pero tampoco con el deseo del mal, sin la necesidad de una belleza que sea contemplación. Una luz difusa, sencilla, tenue, a veces intermitente, que finalmente es la luz del poema.

*Se suele dividir la poesía entre la del día y la noche, entre la claridad y la sombra. En ciertos ámbitos se ha utilizado para hablar de una poesía española de la experiencia diurna y de otra latinoamericana barroca, densa, ciertamente oscura. O de una que observa los objetos y los acontecimientos como si estuviesen siempre bajo iluminación tal cual ocurre en gran parte de la norteamericana y de otra que al no poder distinguir a primeras debe tantear en el lenguaje, avanzar, retroceder, perderse para finalmente tentar un arribo. Siempre se trata de la observación, de lo que un autor o autora ve o hace ver, de lo que ilumina o calla, de lo que encandila o donde prefiere ser cómplice de un secreto. Se ha dicho que se escribe de lo que se ve, de lo que se piensa o de lo que se imagina. En todas ellas hay algo, literalmente, claro y es el hecho de que observar no tiene que ver solo con la medición inconsciente de la materia sino también de la energía que la cruza y que a veces no es otra cosa que una intuición. Esa perspicacia es la que hace de la poesía un arte del más allá pero más acá, una voz que regresa no se sabe de dónde y que sigue su camino como el ángel decapitado de la historia.

Héctor Hernández Montecinos

El poemario fue presentado por la escritora y gestora cultural Claudia KennedyEl prólogo fue escrito por el poeta Héctor Hernández MontecinosBajo el sello La Otra Costilla Ediciones

MARCELA PAZ VILLAGRAN

I   
Saldrás por mi pubis de la caverna
Como un eco 
Un ciego que se orienta con la voz
Abandonarás la oscuridad
donde los gemidos culminan 
en vibrantes manifestaciones de vida.
Arrojado como un ser irreconocible
vagarás en la búsqueda con tu cuerpo
hilando los filamentos de luz
que lo recorren con energía
o la sombra de tu pensamiento
cual mortaja de la existencia.
Desorientado volverás a la caverna
cuando lentamente sangre la vida
a callar el gemido del que naciste
yacerás entregado al húmedo silencio 
de la madre oscura que tiembla.

II 

Hasta que el nudo tenga forma de rosa
o logre sortear los códigos del azar
Hasta que el caos rompa con los límites 
o los límites amordacen la existencia
No cesará la rueda y su brusco viraje
Un timón sin barco y el ancla sin tierra
Del comienzo al fin, del fin sólo la ilusión
la muerte no es una caída al vacío, acaso
la entrada prematura en la existencia.
III
Éramos niños pero adorábamos a la Muerte
nos estrellábamos contra las paredes
intentando colorear la ciudad.
Niños alimento de una serpiente de acero
que anidaba en nuestros ojos.
Éramos niños buscando el paraíso,
atravesando desnudos las zarzamoras
para encontrar el camino perdido.
Niños que adorábamos a La Muerte
como a una madre que nos lavaría el mal.

IV
La quimera adquirió tus ojos 
y guarda un hijo famélico 
que bebe de su pecho. 
Tiene el cuerpo cubierto de espejismos
despoja su lengua una y otra vez
para dotar de imágenes a la oscuridad.
El único camino hacia ti es la poesía
sortear prolongados silencios
matarte de hambre 
tender una trampa, unas letras puente
para exorcizar tus ojos de animal.



VII


Me mataste 
y no sé cómo morir
porque ni tu desdén 
me puede matar bien muerta
ni la palabra desamor 
propiciar la herida mortal
¿cómo morir?
Tal vez muera mejor
Ahogada en los versos
Que compuse para ti
Ahogada
Porque decir te amo
No bastó para entender el amor
Ni fue suficiente 
un adiós para olvidar.





VI

Amante desalmado
En tu abrazo la muerte
Bastó para desojarme
Tomando mis colores
Dejándome desnuda
En el beso la peste 
murmuró en la mejilla
¡pierde la esperanza!
El fuego que te consumé
Baste para arroparte.

VIII



Voy a plegarme con el sentimiento
En un intersticio de la realidad
Para que en un segundo sin espera
Un intervalo al respirar
Se despliegue ante los ojos
El aroma, la palabra, el lento caminar
un recuerdo que la ausencia aloja ligera
una gota que se dirige al Mar. 





IX

Hoy renuncio a ti
La evocación de tu recuerdo menguará
Tu rostro en su totalidad olvidaré
Solo fragmentos vendrán a mí
Un espejo roto no reflejará
La imagen del amor que soñé
Tu aroma insípido será
Sabor a pasiones no evocaré
Ni siquiera un vendaval a mi
Tu estela misteriosa traerá
Ni un eco de tu voz recordaré
Cuando el nombre olvide de ti.


X


Me viste 
Te vi
Desvistámonos una vez más
Contemplemos la desnudez 
De unas pupilas quietas
Si pueden decir acaso
Lo que a la razón escapa
Y habitar ese espacio
Más allá del umbral cristalino
Donde el silencio puede ser
Puente o abismo.

V
Un ejercicio riguroso y disciplinado
Que escapa a mis laxas fuerzas
Una imagen que me recorre en perfección
Se limita al murmullo.
La poesía es la existencia
Pero no logro huir de la pretensión
aun cuando la poesía es humilde
no basta soñar para escribir
no basta sentir para ver
hay un tramo arraigado en la ignorancia
un trabajo que desconozco
unos pies que no calzo
un ser que no soy arriba en mi
ser y no ser parece una distancia irreconciliable
Soy pero no soy aquella 
que entrega sus noches al vacío
al espacio de juego donde habita el laberinto
sentir miedo porque la existencia 
los pensamientos son inminentes
desconozco a mi sombra 
que transfigura mientras ando.

ANA VÉLIZ FUENTES

ANA VELIZ FUENTES, es también maestra de vocación y locutora, su labor literaria ha sido divulgada en diarios y revistas, antologías poéticas y por la radio San Bernardina donde dirigió el programa cultural “CAMINANDO POR EL MUNDO DE LAS LETRAS”


Ana Veliz Fuentes, fue la primera Poeta que conocí, una poeta de carne y huesos que de alguna forma mágica se escapó de los libros del colegio, para aparecer frente a mis ojos, y con su verso sin complejidad, abrir un mundo desconocido pero fascinante, que a pasos temblorosos comencé a recorrer.
La señora Ana Veliz Fuentes, poeta, escritora y tallerista esmerada, enamorada de su trabajo, adoctrinaba en las letras a hombres, mujeres y jóvenes.

EXTRACTO NOTA
Mona Mont




BÚSCAME

Cuando yo no esté a tu lado,
Búscame en las flores,

las amé tanto.

Búscame en la mirada de un niño,
los amé tanto.

Búscame en las noches de
lluvias, en el susurro del viento
y la brisa del mar.

Búscame en tu melodía, en la
sombra del árbol y en el libro
de mi cantar.

Búscame en tu corazón, hay un
hermoso diálogo, en cada
latido te diré que te amé tanto.

AMIGO

"Llámame"
me dijiste al alejarme
no recuerdo nada más
la noticia fue como
un relámpago, desgarrador
Me pregunto: ¿por qué?
Algún súbito dolor
te obligo a partir,
Por qué te mantuviste solo,
aislado sin confiar,
nunca las puertas
están cerradas.
Duerme en Paz amigo
cuando la lluvia susurre
sobre las hojas
llegará mi oración
a tu reposo.

ANA VELIZ FUENTES. hija de un mar profundo y violento, llegas como una ola a orillas de la playa, te esperan con ansiedad para empaparse en tu sabiduría los sedientos de las letras. Entregas siempre con grandeza y humildad tu fecunda experiencia de escritora y poeta y enseñas a los que pretenden ser tus seguidores que los guijarros que duelen y lastiman al seguir tus pasos son el despertar de los sueños que se hacen realidad. Realizar es vencer, vivir, es poesía que se palpa, es querer la naturaleza y amar a los semejantes. Hija del flujo y reflujo del bravío mar, llegaste en tu barca a las playas de nuestras vidas trayéndonos la sal y el agua que alimenta nuestras fibras y la hemos bebido gota a gota en la cristalina copa de tu sabiduría. Hoy, al término de este viaje nos encontramos en un puerto más seguro y desde aquí, te damos las gracias por ser nuestra guía. 
Blanca Letelier Morales




REV ISTA AVANCE CULTURAL 
Directora ANA VÉLIZ FUENTES

Nació en La Cisterna en 1986, con un tiraje en el primer número de cien ejemplares. Dirigida y fundada por Ana Veliz, presidente del Círculo de escritores de la Cisterna desde hace 16 años. De donde sur gen los principales colaboradores entre los que destacan: Raquel Para da, Melania Tello, Pedro Mardones, Adolfo García y otros. Dentro del recorrido histórico de la revista podemos decir que por razones económicas no volvió a aparecer hasta 1 998, sin embargo, el segundo número alcanzó un tiraje de 500 ejemplares, situación que se hizo extensiva al tercer número aparecido al año siguiente; apareciendo este año 2000 el número cuatro. Esta revista literaria fundamenta su contenido didáctico, abriendo un espacio válido a la poesía, a los cuentos, a las cartas, a los concursos y a todo aquello relacionado con el quehacer literario y cultural.









MI MESA DE NOCHE

En mi mesa de noche, yace un libro
con poemas de la tierra y del olvido
escucho la música del tiempo
muy cerca miro ociosos pergaminos;
me sonríe un cuadro con el mar manso.

Siempre hay una hermosa flor
una orquídea, una camelia,
un jazmín; de la rosa un botón;
el aroma que despide la violeta
o el lirio que alegra el mirar.

Duerme, voy soñando mi casa;
siento la ronda del rocío,
nostalgias de la infancia;
aparecen en mis noches canto
como la espina del peregrino.

Escucho tiernas voces ancestrales;
bajo la sombra limpia del futuro
cojo hojas caídas de los árboles;
mi tiempo se asoma en el camino
con el perfil sediento de delirio.

Todo es historia conocida;
puedo urdir en ella, partir sonriendo;
mi voz puede atravesar la montaña,
para alcanzar la verdad de mi sueño;
la congoja del tiempo, del recuerdo. 





STELLA DÍAZ VARÍN

DOS DE NOVIEMBRE

No quiero
Que mis muertos descansen en paz
Tienen la obligación
De estar presentes
Vivientes en cada flor que me robo
A escondidas
Al filo de la medianoche
Cuando los vivos al borde del insomnio
Juegan a los dados
Y enhebran su amargura.
Los conmino a estar presentes
En cada pensamiento que desvelo
No quiero que los míos
Se me olviden bajo tierra
Los que allí los acostaron
No resolvieron la eternidad
No quiero
Que mis muertos me los hundan
Me los ignoren
Me los hagan olvidar
Aquí o allá
En cualquier hemisferio
Los obligo a mis muertos
En su día
Los descubro, los trasplanto
Los desnudo
Los llevo a la superficie
A flor de tierra
Donde está esperándolos
El nido de la acústica.





CUANDO LA RECIÉN DESPOSADA


Cuando la recién desposada
desprovista de sinsabor
es sometida a la sombra.
Sí. A su sombra...
Enciende la bujía y lee.

¡Ah! Entonces no es nada
la venida del apocalipsis,
los hijos anteriores enterrados
y un hilo de sangre desprendido del techo.
No es nada ya el océano y su barco
ni la muerte que intuye la libélula
ni la desesperanza del leproso.

Cuando la recién desposada:
Ya no estaré tan sola desde hoy día.
He abierto una ventana a la calle.

Miraré el cortejo de los vivos
asomados a la muerte desde su infancia.
Y escogeré el momento oportuno
para enterrarla.





PROFECÍA

Las grandes ausencias amenazan
Cuando los sirlos
Esos bellos pájaros
Emigran
Y la lejanía hiere sus alas
El hombre no lo sabe
Porque duerme
Oculto por causa de la luz
Para no prever la muerte.
Entrega el dominio de sus sueños
Y emancipa el caos
Y pierde el poder
sobre su propio río
que lo recorre en longitud.
Los abismos se acercan
Y las múltiples aguas
Devienen creaturas de espanto.
Uncido al gran anillo
Olvidará su trayectoria astral
su fecundidad perecedera.
Ocurrió
Que cerró las pupilas ante la luz
Y no estuvo más allá
De las cosas presentes
Ni creó una analogía superior
a la distancia entre los astros
Ni escuchó el soberano mandamiento
De crear al hombre verdadero.
Olvidado en el tiempo
Aún persistirá en creer
que fue un símil de su conciencia.





ALBEDRÍO


Yo soy la vigilia,
Ustedes
Son los hombres castigados,
Los labradores
De gestos oblicuos
Que al engendrar falsos surcos
La semilla huyó despavorida.
Ahora respóndanme
Con una mano enguantada
A flor de corazón.
Cuál es la fecha exacta
Entre Aldebarán y Andrómeda.
El día en que los cuervos
Cosechen lo suyo
Entre las más grandes estampidas
De todos los tiempos. Amén.





IX

Es así
Que la vida es en su muerte
Una pura substancia
Un sereno ocurrir, naturalmente
Un ritual
De poderes ocultos en su origen
Un círculo elemental
Un curioso bullicio
Un germinar muriendo.
Es así
Que estoy viva
Y en cada vida
Se me va la muerte.


PROMESA

No te preocupes
Querido niño ávido
Tendrás tu perro azul
Te lo prometo
Siempre que lo fabriquen.
Además
Te prometo un puro tiempo
para lanzar anillos de por vida
En la cercana sombra de los parques.









"No. La poesía no es una ecuación biológica. 

La poesía, si tú la pudieras definir -porque es indefinible- es un arranque sentimental, es una memoria de otro arranque sentimental, nada más". De personalidad polémica y rupturista, integrante de la Generación Literaria de 1950, Stella Díaz Varín se perfiló como una voz singular y trascendente en la historia de la literatura chilena. Su poesía fue una expresión original, que plasmó su fuerte personalidad creativa y bohemia, con una perspectiva femenina.

Nació el 11 de agosto de 1926, en La Serena. El 1 de mayo de 1947 llegó a Santiago para estudiar medicina, con el firme propósito de especializarse en psiquiatría, carrera que no concluyó. En cambio se integró activamente a la 

Alianza de Intelectuales de Chile -dirigida por Pablo Neruda- y a los círculos culturales de la época, sobretodo a la mítica bohemia de El Bosco, donde cultivó amistad con destacados creadores nacionales como Alejandro Jodorowsky, Enrique Lihn, Ricardo Latcham, Mariano Latorre, Luis Oyarzún, Jorge Teillier, José Donoso, entre muchos otros. En ese período comenzó a colaborar en algunos diarios nacionales como El Siglo, Extra, La Opinión y La Hora; al mismo tiempo que participó en las diversas actividades generadas por la Sociedad de Escritores de Chile.

En 1949 publicó su primer libro, Razón de mi ser. Los poemas de este volumen reflejan la vitalidad y fuerza de la poetisa. A través de imágenes sugerentes y de un lenguaje subterráneo, temas como la muerte, la soledad y el reconocimiento a la condición femenina, evidencian en este poemario la relación inseparable entre la vida y la creación poética de la escritora.
Su producción literaria continuó con Sinfonía del hombre fósil (1953), Tiempo, medida imaginaria (1959) y Los dones previsibles (1986). Este último libro recibió el Premio Pedro de Oña en 1986, y su publicación incluyó un prólogo de Enrique Lihn, en el que señaló: "Esta imagen del poeta, la afición a la magia del lenguaje asociada a la realidad como acto verbal imperativo y otras características, delatan aquí -con la desvergüenza al uso de mi generación- cuentas pendientes con el romanticismo, el decadentismo y el simbolismo".
Aunque fue reconocida tardíamente por una pequeña parte de la crítica especializada, su poesía marcó nuevos rumbos en la creación poética nacional. Fue incluida en numerosas antologías, entre las que destacan Poesía Nueva de Chile (1953); La mujer en la poesía chilena (1963); y Atlas de la poesía chilena (1958).
Con una dilatada trayectoria en las letras nacionales, Stella Díaz Varín reivindicó el oficio de poeta desmitificándolo, denunciando las carencias de esta labor: "Yo creo que deberíamos preocuparnos un poco de que el poeta deje de ser una especie de ser mítico, alado y peregrino. El poeta es un ser humano con familia, con necesidades biológicas y necesidades de todo tipo, al que nadie le da boleto en este país (...) por lo menos me gustaría que el hombre creador tuviera una base y una mínima seguridad de vida para que pudiera seguir creando".
A pocos días de haberse hecho acreedora del Fondo del libro en su versión 2006, por el volumen "Stella extragaláctica", Stella Díaz, falleció. Sus funerales se realizaron el 15 de junio de 2006.


Fuente: Memoria Chilena -Biblioteca Nacional de Chile


MARCELA ROYO LIRA

"Desde niña me gustó escribir y amé la lectura. Algunos textos míos fueron publicados en la revista del colegio. También, junto a otros compañeros de oficina, editamos la revista "El duende Indiscreto" en Watt's y Cía, sólo con distribución dentro de la oficina. Hoy, adulta mayor, soy creadora de historias con magia, imán de recuerdos, trajinante de la memoria. Soy narradora 100%."
Tuvimos la intención de aportar más datos, pero ¿habrá información más pertinente, para quien escribe, que su obra? 
Los invitamos a disfrutar de una pequeña muestra que nos ha enviado, envuelta en una sencillez fraterna y admirable. 
Admirable, sí, porque al recorrer la Web en busca de más placer, nos encontramos con una voz de tono inconfundible, una voz que ha logrado atrapar, en el cepo frágil del lenguaje, el jirón siempre sangrante arrancado al pensamiento. ¡A rastrear su producción, amigos!

BIOGRAFÍA 

Marcela Royo Lira, 1945. Estudió en el Liceo Manuel de Salas y en la Escuela de Taquígrafos del Senado. Se desempeñó como secretaria de gerencia en Watt’s y Cía.; allí con otros compañeros crea la revista “El Duende Indiscreto”. Obra publicada: “Cuentos por Diversión” 2011, “Tardes de Embrujo” 2012, “La maldición del Ofidio”, 2016 “Cosechando olvidos” 2019. Antologada en publicaciones nacionales y extranjeras, y en la revista de literatura y pensamiento “Provinciana”, de la Universidad de Valparaíso 2016. Reconocimientos: Segundo lugar cuento breve de la revista internacional “Imágenes de Océanos”, 1997. Mención honrosa concurso Nora de Prá, Buenos Aires, 1999. Beca de Creación literaria, Fondo Nacional del Libro y la Lectura, convocatoria 2011, del Consejo Nacional de las Culturas y las Artes. En 2018 obtiene mención honrosa en concurso convocado por gaceta “Peuco Dañe”. Socia en la Sociedad Escritores de Chile. Miembro de SECH Mujer y de “Autoras Chilenas” AUCH, Actualmente participa en el Colectivo Arca Literaria.

                                                  ANTES QUE ACLARE
	




El timbre quiebra la quietud de la noche. Son las tres de la mañana. Daniel  intuye quién es. No puede ser otro, sólo “’él” tendría ese atrevimiento. Un sudor frío lo baña, se mueve inquieto sin decidir levantarse y abrir la puerta. Se conocieron hace tres años en el Pub Vox Populi, precisamente a esta misma hora, lo que la convirtió, de alguna manera,  en significativa para ambos. Llovía. Ambos estaban solos y mientras miraba hacia la calle Sergio se le había acercado con dos vasos de whisky. 
Se queda quieto, boca arriba en la cama. Los ojos abiertos en la oscuridad. Al acecho. Otro timbrazo. ¡Mierda! gira la mirada hacia su mujer quien parece no haber escuchado el timbre. Se levanta procurando no despertarla, en puntillas, casi sin respirar.  Es la señal acordada, el intervalo entre los dos timbrazos. Masculla improperios camino a la puerta, sin encender luces, procurando no tropezar en los muebles. Permanece un segundo inmóvil observando la madera, el cerrojo y el seguro, como si esperara el milagro de no tener que hacer lo que no debe. Titubea. No tiene escapatoria. Abre.
	Frente a él, borracho, con el rostro abotagado por alguna droga, está Sergio, la persona que menos querría estuviese allí. Piensa en Elvira durmiendo metros atrás. No obstante, a sabiendas de su error, se hace a un lado y lo invita a pasar. La visita entra a trastabillones, se deja caer en el sofá. 
─Whisky, sin hielo ─exige.
─Ssssh, ella duerme. Es tarde. Debes irte.
─Déjate de tonterías. Tengo  sed.


─Ya bebiste demasiado. Elvira es una buena mujer. No merece que…
─No me digas que  ella todavía no… ¡Bah!  Siempre fuiste un cobarde.
─Se lo dije cuando decidimos vivir juntos ─responde Daniel enrabiado, recuerda lo difícil que fue dar el paso, reconocerlo ante ella, su propio sudor, inhibido, buscando las palabras.
─No te creo, no estaría aquí contigo. Dame un whisky. Es lo mínimo que puedes hacer ¿no? Te marchaste sin una excusa ─insiste Sergio. Da un rápido vistazo al salón. Se emociona al ver en la pared su pintura de una naturaleza muerta. Se la había obsequiado cuando ganó el concurso municipal, hace ya un año. Lo celebraron con una cena íntima. Sin invitados.  
─Estás borracho ─masculla el dueño de casa─. Sergio entiéndelo, no podíamos seguir ─se rasca la cabeza en un gesto de impaciencia─. Fue difícil tomar la decisión. Luego, conocí a Elvira   ─Brindemos. Por los viejos tiempos, amigo ─porfía el visitante. Y hace ademán de dirigirse al bar en un rincón de la sala, pero le fallan las fuerzas.
─Sergio, entiende. Elvira y yo tenemos proyectos.
─Estoy inmensamente solo, Daniel. No imaginas cómo han sido todos estos meses. Perdí el trabajo, mis hermanos me rechazan. Mis padres… ─estalla en llanto.
Daniel había decidido mantenerse firme. Imaginó muchas veces el posible reencuentro, sin embargo, contra todo lo proyectado y las promesas, se acerca a Sergio. Nota la fragilidad de ese cuerpo en sus brazos.  Se deja arrastrar por el momento, por algo que creyó muerto.
Comienza a clarear. Se escucha el motor de vehículos en las casas vecinas, el paso apresurado de un transeúnte, a lo lejos la bocina de un autobús. Dentro, la claridad tarda. Daniel lanza un suspiro. Se endereza alejándose de su amigo.  Cansado, sudoroso, apoya la espalda contra el respaldo del sofá. Alza la vista.                                                                                                                                                                                                    
En el umbral está Elvira.   
                                                                                                                     

LA MANO
	
La historia comenzó con los golpes en la puerta. Rectifico, fue con la carta en cuestión. Quizás, incluso antes, cuando, desde el balcón el hombre había visto al cartero en la vereda de enfrente y supo al verlo cruzar la calle y verificar los números, que llamaría a su casa. Demoró adrede en atender, un presentimiento lo mantuvo inmóvil detrás de la madera. Escuchó el suspiro del otro, algo como un imperceptible rezongo. Lo imaginó agachado, aprontándose a deslizar el sobre por debajo de la puerta. Entonces, la abrió de golpe. El mensajero dio un respingo y pidió disculpas sin haber por qué. 
	Una vez solo el hombre se enteró que la enviaban desde un bufete de abogados. Maldita sea ¿qué querrán estos leguleyos? dijo entre dientes. Una ligera inquietud lo había alertado. Revisó mentalmente sus actos de los últimos tres años. Por si acaso, nunca se sabe. Se acordó, cuando  un año atrás una conocida casa comercial inició una persecución judicial en su contra por la compra de un electrodoméstico, una mujer había dado su dirección. Le costó, dinero y tiempo, convencerlos que nada tenía que ver con ella. Amenazaron con embargarle parte de su mobiliario.
	Ahora la cita es dentro de dos días. No especificaban de qué trataba.
            Días después, a la salida de la oficina de abogados, el hombre sonríe incrédulo de su suerte. Como único beneficiario heredaba, de un tío de su madre, una casona en el antiguo barrio de Avenida Matta, en la capital: dos pisos, once habitaciones, tres salones y un patio interior de naranjos y hortensias. 
De vuelta al Puerto de Valparaíso, donde vivía, recordó haber visitado a ese tío siendo niño en dos o tres ocasiones. Un viejo cascarrabias que lo hacía mantenerse quieto mientras los mayores conversaban, a veces en voz tan baja que los imaginaba urdiendo maldades de las cuales él no podía enterarse. Se acordó también del olor a encierro y humedad, a naftalina y orina de animal; del tapiz sucio y hediondo de los muebles viejos y de las ratas que corrían en el entretecho, del gato tuerto y al parecer sordo que dormitaba junto al brasero. También, de la caja con soldaditos de plomo que le hizo llegar, a los nueve años, para una navidad.  Fue la última vez que supo de él, su madre murió poco tiempo después y cesó el contacto.  
Una tarde fría y amenazante de lluvia viaja a la capital a reconocer la vieja casa de adobe que siempre había querido olvidar. Sabe que es  absurda la situación,  el antiguo llamador en la puerta de calle, la “mano de Fátima”, lo inquieta. Hace un mes habita la casona de calle Lord Cochrane.  Las puertas de todas las habitaciones abren a un largo pasillo en penumbras, hay un tragaluz en la sala principal y otro en el baño. Las piezas son oscuras, sin ventanas al exterior. Recuerda su miedo al entrar, rezagado tras la mampara su madre poco menos debía arrastrarlo al interior. Pero hoy es adulto, absurda esta desazón, masculla cada vez al cruzar la entrada.
	Todo comenzó el día que llegó a instalarse. En la calle, el camión cargado con los muebles, la ropa repartida en un baúl y dos maletas. En el momento en que  introdujo la llave en la cerradura tuvo la impresión que la mano giraba levemente, como si quisiera conocer al nuevo dueño. Más tarde, mientras bebía un vaso de whisky, la escuchó golpear con fuerza la madera, sin embargo, cuando abrió no había nadie. Tuvo la desagradable impresión, mientras se preparaba otro trago (este era el tercero) que no se llevarían bien. Cuando niño su única entretención era jugar con ella, la levantaba y dejaba caer abruptamente.
	─No hagas eso, hijo. La vas a cansar ─lo regañó su madre en varias ocasiones. El tío, en un arranque de furia, le  golpeó las manos con una varilla y él, en un descuido de los mayores, había encendido una vela y mantuvo la llama sobre la mano largo rato riendo malévolo, como si percibiera el dolor del bronce.
	En el transcurso de los meses el llamado a horas imprevistas e inoportunas lo tenían al borde de un colapso. Al principio pensó en jugarretas de niños, era la única casa que todavía mantenía ese tipo de llamador, o en gente ociosa, incluso en los “okupas” de la otra cuadra, pero cuando la descubrió vigilando sus horas de salidas y llegadas en el mismo movimiento imperceptible del primer día, supo que el asunto iba en serio y era entre los dos. Se aficionó al whisky, bebía a  deshoras y en mayores cantidades. Cuando venía de vuelta se disfrazaba como un encapuchado para ver si así no lo reconocía. Sin embargo la mano siempre daba los dos golpecitos.
	Sucedió una madrugada. 
Llovía y hacía frío. Llevaba dos días en cama con fiebre y un fuerte dolor de garganta, sin ánimo de levantarse. Al séptimo llamado, harto de la jugarreta, cogió el 

combo de acero que había encontrado en la leñera y se dirigió a la puerta de entrada. Con todas sus fuerzas, de un golpe seco, la arrancó de la madera. En el suelo continuó golpeándola, a pesar que los golpes no hacían mella en el bronce. Luego, envuelta en hojas de diario, como si fuese un ratón muerto, la arrojó al tacho de la  basura.
	Días después, alertados por los vecinos del mal olor, la policía lo halló sobre la cama, muerto por estrangulación. La pequeña mano de bronce yacía a su lado.


                                                       EL GRIFO
  	
Me crucé con él una tarde. Al principio creí que hablaba conmigo, le miré tratando de entender lo que decía, pero lo suyo era un monólogo. No supe con quién estaba furioso ni qué le había hecho “ese otro”, cuántos garabatos escupió en el rato en que lo tuve cerca. Hasta gesticuló con el puño en alto. Tuve miedo, pensé que de pronto, en su locura, volcaría en mí su furia. Todos en el barrio lo conocíamos. Le apodaban el Grifo, porque en los veranos abría  los grifos del sector para que los niños disfrutaran bañándose en el chorro de agua.
	Ese día hacía calor. La brisa de enero, que se deja caer a la hora de la siesta, no asomó. Ni un alma en las calles, sólo él y yo. Caminamos juntos las cuatro cuadras hasta el paradero, por un segundo, simulé quedarme atrás, el Grifo se detuvo, esperándome.
	Llegó el microbús, subió conmigo y se deslizó sin pagar pasaje. Temí que el chofer lo hiciera bajar, hasta pensé pagarle, el hombre cerró la puerta e hizo partir el vehículo. El muchacho siguió con sus groserías, noté la incomodidad de los escasos pasajeros, se refugiaron en lo que aparentemente ocurría en las calles,  pero nada especial pasaba afuera. Los hechos sucedían dentro del bus. 
Llegué a mi destino, toqué el timbre y bajé. El Grifo bajó conmigo. 
	Ese día iba al dentista por un dolor de muelas, no sé qué me dio, quizás visualicé la excusa para no llegar a tiempo al consultorio. El asunto es que lo invité a una cerveza helada. “Cerveza, cómo se le ocurre compadre. Me la prohibió el médico. Pero, si es tan amable tomaría una coca cola bien fría” y sonrió. Media hora después, me preguntaba qué hacía yo con un tipo como ese bebiendo un refresco a las tres y media de la tarde, de ese lunes de enero. 
Reconozco que la conversación fue interesante. Emitía, eso sí, un ruido desagradable al llevarse la botella a la boca, chupaba del gollete y tragaba; a esa hora no había nadie en el boliche  y no importó. Además, el dueño, un japonés corpulento, dormía siesta con la cabeza entre los brazos, apoyado en el mesón. De pronto, el Grifo se puso de pie y golpeó con un mazo gigante el gong que había a la entrada del local. El samurái despertó sobresaltado y a empujones e improperios nos echó a la calle.
	Después de eso me despedí del Grifo, sin sacarme la muela.
Cuando conté lo ocurrido en casa mi tío dijo que era un muchacho inofensivo,  que había sufrido un trauma muy grande cuando niño. Sucedió once años atrás. El Grifo tenía nueve. En ese tiempo vivía en Peñalolén, a orillas del Canal San Carlos, en una media agua. La madre hacía aseo en casas del barrio alto, al otro lado de la ciudad. Los siete niños quedaban solos durante el día, a cargo de la mayor de apenas trece años. Esa mañana, uno de los hermanos menores tiró al canal  la pelota de fútbol del Grifo. Se la habían enviado de regalo los patrones de su madre cuando supieron que había sido seleccionado para formar parte del plantel del municipio. Tío Eugenio dijo que era una promesa y que el Colo Colo le tenía echado el ojo. Los niños se quedaron mirando cómo el agua se llevaba el balón. En un arranque desesperado el Grifo gritó: ¡anda a buscarla, huevón! y empujó al hermano.
	Nunca encontraron el cuerpo del niño. Las aguas del canal son peligrosas.
	De vez en cuando diviso al Grifo. Camina por Avenida La Aguada escupiendo improperios. Suelo invitarlo a tomarse una coca cola y conversamos. No es mal tipo, sabe de gasfitería, los vecinos acuden a él cuando tienen algún problema de cañerías.
No hace mucho me pidió le escribiera una carta a su madre. Quiere saber si lo perdonó. De eso hace un mes y no hay respuesta. “Tal vez ya no vive en Peñalolén”, digo, excusándola. Entonces, se agarra el pelo y se lo tironea hasta hacerse daño. Cuando logro que se calme, ruega que lo acompañe a verla.”Usted es educado, sabe expresarse. Ella lo escuchará”, insiste. “Está bien, Jonathan. Uno de estos días, prometo”. Merece el abrazo de su madre, espera el gesto hace mucho. 
	Un lunes, a media tarde, tomamos locomoción hacia el antiguo barrio del Grifo, en los faldeos de la cordillera. Tuvimos que hacer trasbordo en Irarrázaval. Demoramos hora y media en llegar. Al loco se le ocurrió ponerse a cantar y cobrarle a los pasajeros. Se sentó a mi lado y me entregó las  monedas. “Para el pasaje, jefe”, dijo. Rojo de vergüenza, repuse que las guardara para cigarrillos. 
	Estaba nublado y hacía frío. Aseguró que no iba a llover. “No me duele el hueso de la pierna que me quebré”, dijo.  Al salir había tomado dos casacas. “Gracias, compadre. Pero me gusta más la otra”, repuso cuando le ofrecí una de ellas. Se quedó con la nueva, la había comprado tres días atrás.

Quedamos en pana. Faltaban como veinte cuadras para Plaza Egaña. Tuvimos que esperar el bus que venía atrás. Tardó media hora. El Grifo compró dos helados de agua, pese al frío. Lo lengüeteó como cabro chico. Traté de apurar el mío, lo mordía, tragaba pedazos grandes. “Saboréelo, compadre”, me advirtió. Nos subimos a un vehículo lleno de gente, hartos escolares y sus mochilas, mamás con niños. Los colegios habían terminado la jornada. Todo el mundo iba de mal humor, ni hablar del chofer. El Grifo se puso a discutir con unos muchachos, lo zarandeé de la manga, le dije que se calmara. Los estudiantes se corrieron para atrás.
	Pasado el Puente Arrieta nos bajamos. El Grifo se desorientó. Había cambiado su paisaje, construcciones nuevas, recintos cerrados. No se acordaba del nombre de la calle. “Antes tenían números”, alegó. Quería ir a la orilla del canal, pero no le tuve confianza. Caminamos. 
	─¡Jonathan! ─llamó una mujer desde la entrada de un almacén.
	─¡Madrina! ─respondió él. Se abrazaron largo rato.
	“Tu mamá hace como cinco años que se fue” “Antes que construyeran el condominio” “No, no sé donde vive” “No se despidió de nadie” “Sólo el Juanjo vivía con ella” “Los demás niños se fueron yendo primero”, iba explicando la mujer a medida que el Grifo preguntaba. Comencé a preocuparme. No sabía cómo podría reaccionar. “Necesito ayuda, Jonathan” “Los sacos de papas y del azúcar pesan” “Estoy vieja” “¿Por qué no te quedas? “¿El Tito?” “Murió. Poco después de que te fuiste” “Ninguno de tus hermanos quiso vivir conmigo” “Pasaron harta hambre cuando tu mamá quedó sin trabajo de la noche a la mañana” “El Rafa y el Lucho salían a robar” “Dicen que el mayor de tus hermanos está preso en San Miguel”. 
Increíble cómo la mujer iba contando los sucesos uno tras otro sin detenerse. Y de este modo, tan propio de la gente pobre en mi país que acogen en un santiamén a otro en la casa, lo invitó a vivir con ella. 
Han pasado los años. A veces, cuando veo un grifo, pienso en Jonathan. Y me dan deseos de verlo y tomarnos una coca cola bien helada.






MÓNICA MONTERO

MARGA

-Don Sergio, don Sergio, reaccione por favor, mire que la chiquilla
está muerta, no puedo moverla. Su cuerpo está duro y se me hace
imposible sacarle la cabeza de aquí. Mire, don Sergio si usted no
me ayuda, yo no voy a poder.
- ¿Cómo que no hay nada más qué hacer, don Sergio? 
No me diga
 eso. 
Yo soy el único que conoce a mi niña y sé que se avergonzaría un
montón de que la vieran ahí, humillada y con su vestido 
manchado
 de vómito. 
Ayúdeme usted a sacarla y arreglarle un poquito el
vestido antes de que lleguen los pacos y quiera tomar fotos. 
Marga vino desde Cuba. En realidad, nadie tiene certeza de
cuántos años lleva viviendo en Chile. Claro es que llegó en un
circo mexicano, un circo triple equis por llamarlo de alguna
forma, donde actuaban travestis, bailarinas en topless y el
número de La Mujer Maravilla, que realizaba Marga. 
Consistía
 en que se iba quitando poco a poco la ropa hasta quedar
totalmente desnuda, excepto por una inmensa flor de maravilla
con la que cubría su entrepierna. Luego daba una mirada
picarona al público, abriendo y cerrando sus ojos color miel,
haciendo que sus largas pestañas rosaran apenas su rostro,
todo esto al ritmo de una salsa cubana. Entonces la orquesta
marcaba un alto de timbales. Marga sacaba la flor de su
entrepierna y la lanzaba al público dejando al descubierto un
prominente falo erecto, el que tensaba y dejaba caer como a
un títere. Era una experiencia extraña ver a una delgada y alta
mujer con unos pechos perfectos y voluptuosos, traer entre los
muslos un tremendo y oscuro pene. Los curiosos y morbosos
del público aplaudían enloquecidos, gritando tanto improperios
como piropos.

DE: A CORTA DISTANCIA
PÁGINA : 9
EDICIONES: LA OTRA COSTILLA

PROGRAMA n°287    "CREADORES" RANCAGUA 
PAVITO
Mi nombre



Motivo impreso
de tu llanto
Todo el vacío
que llevas en tus ojos
culpa de mi beso
vagabundo
Que no sea.

Qué no sea yo, señor

la del espejo…
una estampa descolorida
entre libros mustios
Esta casa un barco,

La comarca roída
un techo de golondrinas mortinatas
¡Si yo fuera esa, señor!
¿Dónde, la que era?
BIOGRAFÍA

Mónica Montero (Santiago, Chile, noviembre de 1966) es una poeta, cuentista, narradora y gestora cultural chilena. Su poesía ha sido publicada en diversas revistas literarias y antologías como 22 Voces de la Novísima Poesía Chilena y Génetrix.. También ha sido incluida en diversos proyectos literarios como Cazar los miedos1 de Progetto 7LUNE de Italia, y la antología mundial Poetas Siglo XXI2 editada por Fernando Sabido Sánchez.
Ha participado en variados encuentros literarios, como el Encuentro Iberoamericano de Jóvenes Escritores, y ha organizado otros tantos, como el primer SlamPoetry de San Bernardo en 2015, y el evento internacional “Incluyamos Chile”, los años 2014 y 2015, en la ciudad de Santiago y San Bernardo, que congrega a artistas de todo el país.
El 2010 crea y dirige la revista literaria La Otra Costilla, donde son publicados tanto a artistas emergentes como consagrados. Crea el año 2016, junto a Arturo Zuloaga, la asociación, fundación cultural “Egrégora”,3 con quienes trabaja en la recuperación del ex Teatro Municipal de San Bernardo. Es miembro de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH).
Trabajó vendiendo créditos de consumo y tarjetas de crédito, En 1991 participó del segundo congreso iberoamericano de escritores jóvenes.5 Pensó desde ese minuto dedicarse por completo a la literatura, pero fue disuadida por el literario Samir Nazal, escritor y profesor de la Universidad Católica, quienes al principio de la relación eran maestro y tallerista. Con los años se volvieron grandes amigos, hasta la muerte de Samir el 2008, año en que decide publicar su primer libro en honor al amigo y maestro.

Estilo e influencia, se define como hiperrealista. Si bien escribe desde pequeña, declara que sus reales inicios en la literatura se dan a partir del 2009, con la publicación de su primer libro, Varona. En su segunda obra A corta distancia, expresa un estado mental, psicológico y social de la mujer chilena mediante la utilización de metáforas; en cuanto al título, señala que el daño es más doloroso si proviene de las gente es más cercana y querida.
Se ve influenciada por Manuel Rojas, José Donoso, Juan Rulfo y Alejandra Pizarnik, además de sentir gran atracción por los escritores latinoamericanos y corrientes cercanas, ya que las realidades son más cercanas a la cotidianidad.

Describe retratando y visibilizando a aquellas mujeres que habitan la marginalidad urbana. A través de la escritura de la poeta y cuentista Mónica 


Montero, inicia la búsqueda de la condición femenina, a través de los personajes del borde urbano que describe en sus creaciones. Su primer libro Varona, compuesto por poemas que nos habla de su rico mundo interior. Su segundo libro, de cuentos; A Corta Distancia, ahonda más en su creación con estas narrativas.

2009 - Varona, poesía, Primeros Pasos Ediciones  
2014 - A Corta Distancia (2014), Editorial Segismundo  
2016 - Varona y cantos a Olecram (2016), Editorial Segismundo
2023 - Cielito Lindo. Ediciones La Otra Costilla






***
Me escondo del Tila
porque está bravo conmigo.
Cree que le robé un hijo,
cree que vendí su nombre
a los traficantes del pueblo.
Él y yo estamos hechos
del mismo hueso roído.
Por eso mi temor,
por eso me oculto en la fe
de no encontrarme con él
ni conmigo.
***
El alacrán anda suelto.
Si viene por mí, dile que he viajado lejos
cuéntale sobre los brotes del cerezo y el clavel del aire,
háblale del reuma, de tu rodilla inflamada, del invierno.
Abuela, dile lo que quieras, menos que estoy
Anda bravo y cuando se embronca es un remolino de odio.
Quiere quebrarme, abuela, quiere verme por dentro
buscar en mis entrañas a la madre
que azotaba su espalda desnuda
a esos tíos viejos que rasgaron su inocencia.
Como al cordero de Dios
quiere arrancarme la sangre.

LA INOCENCIA DE LA CARNE


Arrastré mi piel hasta el crepúsculo.
Transé su aroma a perrita nueva, le encendí
y le ahogué según mis ansias. Colérica, entregué la boca sin
halagos ni besos, me froté en el suelo sin ensuciarme. Hasta
pude fingir escalofríos. Abuela, los hombres
me amaron para canonizar mis huesos
y glorificar mis ojitos verdes.


Yo alucinaba después del coito
porque ellos me ofrendaban la medicina correcta,
el sopor preciso que buscaba mi alma chamuscada.

Mi cuerpo inerme sólo se ajustó a la faena establecida
por mi espíritu de gata en celo.

Por eso los borrachos de mi patria me llaman
“La Virgencita de la Pobla”,
“la muñeca hermosa”, “la angelita de Dios”,

“la buena pa’l loli”.
***
Le vi arder. Era una antorcha gigante
que lanzaba chispas escarlatas sobre un relámpago azul.
Se balanceaba entre la angustia y la locura.
Fue hermoso.
Como ver nacer el universo en el patio de mi casa,
como mil partos de estrellas hediondas.
Abuela, tú gritabas trayendo toallas mojadas,
las colocabas en la espalda, en el rostro, en los costados
de su cuerpo…
¡Ay! cómo me dolían los ojos con el humo
cuando las toallas caían al piso
desgarrando trozos de pellejo.
Carne de mi padre.
Le vi desplomarse, tumefacto como el color de mi vulva,
ígneos y blanquecinos
sus huesos:
una pira de falanges, pulpa y cabellos.
Una mancha aceitosa quedó en el cemento.
Yo lameré el cemento marcado por mi padre, abuela
él ha dejado un signo para que yo adivine el futuro.
Lo vi morir.
Por eso comprendo a la gente cuando dice
que los recuerdos arden en la memoria.













Lo que he perdido

He perdido mi cedula de identidad
la tarjeta Rut
la Bip
un anillo de acero quirúrgico
la inocencia
He perdido a Dios
algún diente
la esperanza
un libro de Jodorowsky
la fotografía de mi madre
un hermano
no está en la cárcel
ni en el manicomio
no está muerto
lo he perdido
Así se pierde el cuchillo
hundido en la carne.





DOLORES LEIS PARRA

BIOGRAFÍA

Dolores Leis Parra
Nacida en Madrid (España) reside en Chile desde 2015.
En España publica las novelas EL ÚLTIMO BERNAL (Editorial Círculo Rojo, 2013) y EL PASADO EN CADA ESQUINA (Ediciones Nostrum, 2015). En ese mismo periodo participa de diversas antologías, tanto poéticas como de cuentos, destacando CUENTOS DE NAVIDAD (Editorial ADIH, 2014) dónde queda primer finalista; DIEZ VOCES DE LA POESÍA ACTUAL (Editorial ADIH, 2015) y ANTOLOGÍA EROTISMO POÉTICO (Diversidad Literaria 2015) y distintos relatos en varios números de la revista digital CORAZÓN LITERARIO.
Viviendo en Chile colabora en diversos números de la Gaceta Literaria PEUCO DAÑE; participa en la ANTOLOGÍA de poesía MUJERES (Diversidad literaria, 2017); publica la novela LAS CARTAS DE CORINA (2020); el libro de relatos conjunto CONVERGENCIA (2021) y FELICIA DE VIENTO Y DE SAL (El Gato Tuerto Ediciones, 2022) novela publicada también en México y España.
Forma parte junto a destacados escritores de habla hispana en la Antología de microficción DÉJAME TE CUENTO, Pupila Editorial (2023).
 

PROYECCIÓN

Ese afán de proyectarnos más allá del presente,
visualizarnos x años después.

Me veo, sí, 
viajando por el mundo en forma de cenizas,
no en urnas, ni ataúdes,
en el viento que recorre mar y cordillera.
Me veo empujando al velero,
arreando al montañero,
llenando el universo con las luces y sombras
que habitan al humano aun sin condición humana.
Me veo recorriendo los caminos que conducen a tu alma,
perdida, al igual que la mía, en la inmensidad del tiempo.

Me proyecto, yo que reniego del mañana,
en ese futuro incierto.
Me proyecto en tus lágrimas, en tu risa,
en las manos que acarician mi pelo,
en los pies que siguieron mis huellas.
Me proyecto como ente incorpóreo,
como tierra empapada, como polvo de estrellas, 
como canto de gorrión.
Me proyecto en la parca venidera,
la que asalta en las esquinas y ataca por la espalda.
Me proyecto sin materia,
cambiando la piel por el sudario del fantasma.

Define x, sólo así podré decirte
en que proyección habitaré tu sueño.
 

QUÉ QUEDARÁ

Si escribo los versos
más bellos esta noche,
qué quedará para mañana?
La palabra amor relegada,
junto a los recuerdos inservibles,
en el sótano de la memoria.
No habrá brindis ni cigarro
ni te quiero susurrado
rozándose en un beso.
Dos cuerpos copulando en el vacío,
transitoria indiferencia
del momentáneo placer compartido.
¿Qué quedará para mañana
si escribo los versos
más bellos está noche?
Tan sólo la hoja en blanco
abrazando la nada del poeta,
unos pasos que se pierden
en la bruma del siglo.

ELLA

La dama intachable despertó un día
con el cuerpo cubierto de borrones.
Ella,
que en los años de farra y desvarío
permaneció fiel a la consigna
del pudor y del recato.
Ella,
obediente a la vieja escuela
de no levantar la voz ni la palabra,
aquella mañana,
cercano el medio siglo
dejó de ser lienzo para ser cuadro,
dejó de ser pura para ser mujer.


SILENCIO

Las mentiras
dejaron marcas en el rostro.
Consulta con la almohada, 
dicen, 
pero las sábanas no hablan.
Te revuelves intranquila,
entre la oscuridad que chilla
y la mente que calla.
Rememoras el sueño en tres actos:
la declaración de amor,
los agravios, 
las amenazas veladas.
No es buena consejera la noche.
El amanecer llega con la certeza 
de que te acecha el enemigo
y no se irá jamás.
 

MUJER SIN NOMBRE

El autobús va dejando su carga
a lo largo del camino.
El único pasajero sigue viaje
rezando para no llegar al destino,
esas cuatro paredes que forman su jaula,
voces en off de historias que nunca vivirá.

Entre los nombres de la mujer que fue
no se halla,
no es la que partió,
tampoco la que habita el hoy.
Precedido de la fecha rubrica los libros
con sus siglas,
aguardando que algún amor lo pronuncie
y reconocer su identidad.

Si la buscas
en el laberinto del abecedario,
tal vez se encuentre.
 





YERMA

Xx o xy
la incógnita de la ecuación.
Las manos del hombre,
posadas en el vientre,
se derraman por la piel
como leche sobre el fuego.

Hirviente en su calidez
carece de reproches.
Ante el anhelo imposible
de la paternidad
embellece
con suavidad de alfarero
la matriz herida.

Matemáticas nunca fue
su asignatura favorita,
uno más uno
no siempre son tres en el amor.
 
ESPEJISMO

Recítame un verso,
tómame esta noche,
haz que me sienta especial
entre el abrazo y la palabra.
Dedícame, aunque sea
uno de tus pensamientos,
olvida que no estoy,
vive la fantasía de mi cuerpo
y cuando el espejismo
supere la realidad de la distancia
grita mi nombre
acudiré presta a tu llamado,
seremos uno
en el universo de los sueños.
 
CIRCULOS

Círculos concéntricos,
así cerramos y abrimos
los ciclos de nuestra vida.
Como árboles
a merced de la tormenta,
un tibio roce basta
para herirnos la corteza.
Mujer,
delante y detrás caminan
tus dos sombras en la noche.
Guiando el sendero.
Guardando la espalda.
Cosida a los talones
y a la punta de los pies.
Los perros dormitan
bajo el faldón del gimnasio,
en los techados de la farmacia,
a la sombra de un farol,
esperando el invierno
envueltos en la neblina
de la calle vacía al amanecer.
Renquea la micro en el asfalto,
engullendo pasajeros
en el oscuro vientre
de fierros y tapicería sucia,
devorando en sintonía
la mañana que se filtra
entre la mugre del ventanal.
Círculos concéntricos
un día sí y otro también,
cerramos uno y en su interior
se traza el primer punto
que dará origen al nuevo principio.
Como los árboles, si nos talaran,
verían nuestra vida 
escrita en el interior.
 




LOS QUE SOBRAN

Una plaza de la ciudad
en una ciudad cualquiera.
Santiago.
Pisé tus calles ensangrentadas por la revuelta.
Viví la lucha por la dignidad.
Vi sangre manar de tus ojos,
muertos en esquinas,
desaparecidos que volvieron quebrados,
otros, que perduran
solo en el recuerdo de los vivos
aguardando, sin esperanza,
el cruce de una puerta que les regrese.
Gente torturada que, lejos de huir,
florece entre los sueños
que no pudieron aplastar
las botas militares ni la culata del fusil.
El guanaco empapando las calles
arrasando a su paso
cuerpos en madejas desmadejadas.
Vi manifestaciones
de padres e hijos marchando en paz
y la represión del poder temeroso al cambio.
Viví en lucha desigual,
pobres hermanados pidiendo justicia
y acceso al pan. Ollas comunes
que alimentan barriadas
olvidadas por el político de turno
que sólo aparece en campaña electoral.
Veo el miedo que destella
en la pupila del inmigrante
ante el futuro que ofrecen las urnas.
Me veo a mí misma,
extranjera de nacionalidad ambigua
en un país que rezuma rencor
a todo lo que huele a conquista.
Se impone el nazismo con fuerza,
avanza con furia desmedida
enalteciendo la pureza de la patria
en forma de odio a todo aquel
que cruza las fronteras de los hombres,
jamás las del dinero
Yo pisé las calles por segunda vez ensangrentadas.
Creo en la lucha del pueblo,
pueblo soy, del pueblo vengo,
Cantaré el baile de los que sobran
sabiendo que no sobra nadie.
Seré parte de esos ilusos que dan la vida
por la utopía de la libertad.
 




VOLEMOS

Vámonos
toma mi mano y no la sueltes,
te propongo viajar hasta «Nunca Jamás››.
Allí, entre nidos de gaviota podremos amarnos
con la inocencia de los niños perdidos,
con la lujuria de los mares que desafía Hook
en su infinita sed de venganza.
Vayamos más allá,
seamos salvajes sin ley atravesando caminos estelares
busquemos la felicidad que se oculta al final del arcoíris,
espiemos tras los cristales empañados de tristeza
y huyamos entre risas por eludir tanta desdicha.
Vámonos,
hallemos un país habitado únicamente por ti,
por mí
y por la magia de los cuentos con finales felices.
 




Ambientada en la última década del siglo XIX, “El último Bernal” narra el encuentro de varios personajes que, de manera fortuita, coinciden en una pequeña localidad situada al oeste de Andalucía.
Jimena Martínez del Rosal, joven caprichosa e impulsiva, se ve obligada a pasar las vacaciones estivales junto a Luisa, la nueva esposa de su padre, cerca del cortijo La Bernalesa, propiedad de Emiliano Bernal, último descendiente de una importante saga olivarera.
Con la llegada al pueblo de los Maxwell, amigos de don Emiliano; y los Vargas, hermanos sevillanos que visitan a un familiar, lo que se perfilaba como un aburrido verano, se convierte en una caja de sorpresas; no todos se encuentran en ese lugar por las causas que alegan, algunos ni siquiera son lo que aparentan. Intereses ocultos y algún que otro secreto irán moviendo los hilos de todos ellos, mostrando en algunos casos la verdadera historia que ocultan tras de sí.

ISBN: 978-84-9030-728-1

Formato: Tapa blanda

Tamaño: 15×21

Páginas: 654

MAHA VIAL

*
Cuerpo del delito
cargamos el territorio
como un saco de papas
como si lleváramos al padre
en tránsito de muerte
queremos ir volar mutar
pero está aquí en cada página del libro
y es que todo territorio tiene su cuerpo
que se carga como al padre
o como a un saco de papas
4

¿Es posible un poema
como una brasa candente
que no se apague
que no se amilane
que persista
en su historia más allá
de las rodillas peladas
el sudor en las axilas
y se vuelque sobre sí mismo
y sobre la vida
como una garrapata
a la carne fresca?
es posible
es la única manera
posible
 

(Valdivia, 1955-2020), poeta, actriz y miembro del grupo Matra. Rupturista, comprometida, decidida activista del feminismo y firme crítica del patriarcado. Dentro de su obra destaca: La Cuerda Floja (1995); Jony Joi (2001); Maldita Perra (2004) y El Asado de Bacon (2007)

Nació en Valdivia donde desarrolló una intensa trayectoria artística y literaria. En 1985 publicó su primer libro, La cuerda floja, al que siguieron Sexilio (1994) Jony Joi (2001) Maldita Perra (2004) El asado de Bacon (2006) Territorio cercado (con ilustraciones de Germán Arestizábal, 2016) y Fuerza Bruta (2019) Forjadora de una estética personalísima y performativa, es una rara avis en el contexto de la poesía del sur de Chile y eso hace de su trabajo un sello particular y quizás único. Palabras del escritor Oscar Barrientos para definir a una de las figuras imprescindibles de la poesía sureña. A pesar de su reciente desaparición física, el creciente interés por su trabajo entre los lectores más jóvenes augura la perdurabilidad de su obra.






*
Situación de estado
me arrastro
por las sucias calles
del territorio
una fina lluvia
comienza a caer
y el azulísimo cielo
se torna en un abrir y cerrar de ojos
en masa negra y pesada
trato de incorporarme
quiero ser mariposa
la multitud me aplasta
me cercena los brazos
me cierra el paso
en un momento dado
me arrancan el oxigeno
una mancha morada aparece
en mi rostro flaco y arrugado
¡padre! trato de gritar
la multitud sella mis labios
con el aullar de peticiones
por acá la dipirona
por allá el diazepam
las muletas el parche curita
en una esquina: las muestras de sangre
el despliegue de orina la prótesis que falta
un sudor amarillo repta por los pasillos
y por allí me veo amarrada
a mi propio ungüento
sin orden ni concierto
la multitud comienza a moverse
no cabe una aguja, es cierto
pero caben miles y caben
como pústulas hirvientes
me dejo llevar gusano
o inútil armazón
escribo: aquí estuve yo
*
Un perro viejo protegido
por su propia sombra
es un perro protegido por la sombra
Una perra vieja es una perra vieja
protegida por la nada

*
El Señor Respetable hunde sus dedos en mis huesos
Súbitos estertores de pasión lo envuelven lo sacuden
Dime que soy el mejor musita en mi oído
Un vaho caliente empaña la pieza
Cada trasto se torna difuso e innombrable
Abofetea mi rostro con su vara de carne rojiza casi azulina
como si se estrangulara
como si todo este acto fuera una muerte por inmersión
Quejumbrosos sonidos salen de su boca y se esparcen
por las sábanas por las rojas cortinas Por las sucias paredes
Como un caballo fatigado da las últimas estocadas
Arremeter es la consigna
Entrar y salir el único verbo
Se acelera la sangre y con denuedo busca el canal de la ruptura
Parpadea la carne Tiembla la voz Se quiebra la mirada
El juego comienza a fenecer
Un ronco crujir de células machacadas da la señal
Y un manto de aguas tibias resbala entre mis piernas
La bestia resopla
Desde ahí se levantará el Señor Respetable
Depositará sus monedas en lugar convenido
Y marchará por los senderos de Dios
por esos senderos de dios

Poemas de Fuerza bruta 

(Valdivia, Ediciones El Kultrún, 2019)

 Dos y tres pasos
Los periódicos me saludan
Se plantea la democracia fugaz
El gobierno alienta el poder íntimo
          de la corrupción
          el placer de quebrar
               cabezas
Nadie es capaz de sobrevivir en el infierno

14

Bruta bruta
has tirado tu fuerza
de un solo golpe
repetido en el tiempo
Una cadencia
ancestral
y monótona
envuelve el aire
más de alguien
se tapa los oídos
como si una chicharra
constante los torturase
es que soy sorda
es que soy ciega
es que doy palos
en la negra noche
es que estoy sola
es que la pasión está aquí
pero está errada
Insisto —estúpida de mí—
en abrir la puerta
con sólo
un dejo de voz
un pequeño soplo de voz
no hay puerta
no hay candado que abra
opto por quedarme dormida
sobre el poema

Me ofrecen semblanzas de un tirano
     o sueños frente a una trituradora
          de huesos
Es extraño:
          fui feliz aquí

cuerpo acromático

blanco delantal
blanca mano
escribiendo blanca
diagnosis
blanco de blanco
corazón negro
no hay sangre roja
en blanca lengua
ni luz en maraña duda
sólo sábana blanca
deslizando el cuerpo
de blanca carne y blanco hueso
blanca mirada
blanca voz
exhortando la blanca
medicina
blanca y tersa
en la blanca memoria

DE: TERRITORIO CERCADO
EDICIONES KULTRÚN




local enrejado

rozo la frialdad de la reja
de frío fierro la reja
dejo correr los dedos
suben y bajan
tropezando apenas
con la áspera textura
cala su helada piel
y cala el vacío
huele a herrumbre
este hueco de nada
pero oh placer tras la reja
de fierro reja fiera pesada
las manos se rozan
se rozan y aparean
en la noche ferrada
tras forjado fierro de
fiereza forrado
la reja nos limita y circula
suda la vida
brilla a pedazos la luna
de fierro y candado


DE: TERRITORIO CERCADO
EDICIONES KULTRÚN




cuerpo en suspensión

queda la huella
fina transparencia
de extremo a extremo
queda suspiro
queja
sabor amargo
piel
que cae
queda la mano sobre
otra mano inerme
perdido contorno
perdido contorno
grácil línea
que define
que dibuja el rostro por ejemplo
o la inerme mano
que se dibuja a sí misma
la transparencia es un amplio
cielo raso
ventana tapiada
que guarda la memoria
costra que permanece pegada
en la boca
definitiva nota falsa
todo eso queda
cuando nada queda



DE: TERRITORIO CERCADO
EDICIONES KULTRÚN